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La semana pasada, en cuestión de tres días, me enteré de tres robos recientes en estudios de creativos, dos en estudios de fotografía y uno en un estudio de tatuajes.

Imagino que estos individuos que entran en un negocio y se llevan todo lo valioso, verán justificado apropiarse de herramientas de trabajo, dejando a sus propietarios tocados, no sólo económicamente, sino que además les imposibilitan continuar recibiendo encargos hasta recuperar sus herramientas de trabajo.

Lo habitual es que los  ladrones revendan el equipo fotográfico a precios de risa para quitárselos de encima rápidamente. Por eso me gustaría contarte mi experiencia y mi opinión a ver si entre todos evitamos más robos.

Un caso que me ocurrió personalmente

Hará unos dos años, no se trata de un robo concretamente, pero me encontraba yo planteándome abrir mi estudio fotográfico y me surgió la oportunidad de comprar material de estudio de alta gama, flashes, accesorios, incluso objetivos y alguna cámara de una empresa dedicada a la publicidad. En teoría ese estudio había cerrado y los nuevos propietarios no necesitaban ese material, no lo conocían y me pedían que le pusiese precio al lote, daba la impresión que les ofreciese la cantidad que les ofreciese, iban a aceptar la oferta.

Todo me pareció raro desde el principio, unos vendedores que tienen ese equipo pero desconocen lo que tienen entre manos… Así que investigué un poco más sobre la empresa desde donde en teoría venía todo el material. Lo primero que me apareció al poner el nombre de la empresa en Google, fueron artículos de la prensa local en los que se hablaba de casos de corrupción en los que estaban metidos miembros de esa empresa.

Los que querían venderme el material, decían no saber nada de eso, no tener nada que ver con la empresa, pero preferí perderme ese “chollo” de montarme mi estudio por cuatro perras, antes que verme metido en un lío extraño.

Si me conoces, sabrás que no soy mucho de comprar material de segunda mano. Al final, entre lo que me puedo desgravar de IVA y la garantía de los productos nuevos, es raro que encuentre (tampoco es que busque mucho) algo de material de segunda mano en buen estado y con una diferencia de precio que me compense el comprar algo usado, pero esas son en mis condiciones y con las manías que tengo yo y que para nada significa que comprar material de segunda mano no sea interesante.

De hecho, el portátil desde el que estoy escribiendo esto, es un ordenador que compré usado. Se lo compré a alguien que conozco y que me inspira confianza. Me ofreció la factura de compra oficial, incluso antes de que le dijese que se lo iba a comprar ni que se lo pidiese. La situación es muy diferente a la anterior.

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Comprar “chollos” nos puede salir a todos muy caro

Los fotógrafos en general, tanto aficionados como profesionales, o nos quedamos en el estudio, o salimos a la calle (o al campo) a hacer fotos, con lo que la exposición a que algún amigo de lo ajeno intente apropiarse de nuestro material fotográfico es bastante alta.

Esta gente tan poco respetable, intentará vender el material fotográfico en webs, foros o a compradores directos. Generalmente ofreciéndolo como un chollo para quitárselo de encima. Por supuesto sin las facturas originales y sin garantía alguna, y probablemente si pides más información sobre el origen de ese material, todo serán contradicciones.

El problema de comprar el material con ese origen desconocido, es primero, que no puedes fiarte del estado en el que se encuentra ese material, y después, casi más importante a largo plazo, es que si se trata de material robado estarás facilitándole “el trabajo” al ladrón. Si les pones fácil el trabajo, entonces… ¿por qué no van a seguir robando a otros fotógrafos y vendiendo el material?

No digo, ni tan siquiera insinúo que no compres material de segunda mano, puedes encontrar material muy interesante, pero es cierto que rara vez esos “chollos” son realmente tan buenos como pintan, suelen ser más chollo para el vendedor que para el comprador.

Si, aunque vaya en contra de la naturaleza de muchos humanos, anteponemos el bien común a nuestro beneficio propio y evitamos comprar ese material de segunda mano de origen misterioso sólo para conseguir buen material a precios de risa, conseguiremos por lo menos complicarle la vida a esos ladrones.

Si no hay un mercado en el que vender el material robado, o por lo menos el mercado que hay es muy reducido, no se expondrán a atracar a ningún fotógrafo en la calle o a entrar en otros estudios.

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¿Qué puedo hacer para evitar comprar material robado?

Una opción es pedirle la factura original al vendedor. Si se trata de un profesional, será raro que no tenga la factura. El problema es que en el caso de los aficionados lo habitual es no solicitar factura o bien no guardarla, así que tampoco es un dato concluyente. Eso sí, si te presenta factura, asegúrate de que ésta lleva el número de serie del producto y que éste coincide con lo que estás comprando.

Si el vendedor lo ofrece con los embalajes originales, es un factor de confianza. Nos indica tanto que el vendedor es una persona cuidadosa, como que probablemente éste fue quien compró el material nuevo.

Conocer al vendedor previamente a que nos ofrezca el material a la venta es un punto muy positivo si ya anteriormente te ha demostrado que es alguien de confianza.

Pregúntale acerca de porqué quiere vender el material, qué resultados le ha dado, dónde lo compró, etc. Haz muchas preguntas, cuantas más mejor, así podrás recopilar no sólo información sobre si es material robado o no, sino que además te harás una idea más clara del uso que se le ha dado a ese equipo.

Algo que puede ser bastante concluyente, es buscar en Lenstag a ver si el número de serie del producto que vas a comprar se corresponde con alguno del que se haya denunciado el robo.

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Algunas precauciones ante los robos

Además de lo lógico, no dejar el equipo fotográfico por ahí sin vigilancia y de cerrar el estudio cuando te marches, hay algunas cosas más que podemos hacer ante los posibles robos.

Cuando vayas en coche, nunca, nunca, nunca, dejes tu cámara en el coche, ni siquiera en el maletero, ni siquiera si te estás tomando un café en el bar, justo en frente de donde has aparcado el coche, ni siquiera si subes un minuto a casa a por algo que te has olvidado.

Anota todos los números de serie de todo lo que compres. Hazle una foto a cada objetivo, a cada cuerpo de cámara, flash, lo que sea, en la que aparezca legible el número de serie y guárdate esa información, puede ayudarte a identificar el material como tuyo en el caso de que te lo roben. Existen además algunas webs en las que puedes hacer un seguimiento de las fotografías publicadas en internet con equipos con números de serie determinados. Esa información va en los metadatos de la foto, y si el ladrón o su comprador publica una foto hecha con tu cámara, será posible rastrearla.

Registra estos números de serie en páginas como Lenstag, así, en el caso de que te robaran algo de tu equipo, podrías marcarlo como robado para prevenir a futuros compradores y complicarle las cosas a los ladrones.

Si te han robado el material, márcalo como robado en Lenstag y acude a las webs de las que te hablaba antes para ver si se encuentran fotos con los números de serie de tu equipo.

Conclusiones

Es importante crear consciencia a la hora de informarnos acerca de la procedencia del material de segunda mano.

Poniéndoselo difícil a los ladrones, salimos todos ganando. Si no hay compradores de “gangas” de material robado, no habrá un motivo para robar ese material. Por mucho que cueste una cámara nueva, y por mucho beneficio que pueda sacarse al venderse de segunda mano, si el vendedor-ladrón sabe que le acabarán pillando, entonces no se arriesgará.

Hagamos que tenga claro que aquel que roba, o no vende, o se le pilla y se le denuncia.

 

Todas las imágenes de este artículo las utilizo bajo licencia royalty free, descargadas de las agencias de Microstock

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